Han pasado muchas lunas desde que el Pueblo de los Lobos abrió sus ojos al mundo. Muchos caminos se han recorrido, altas montañas fueron testigos de sus pasos, corrientes de agua fresca y lagos profundos calmaron su  sed y fueron surcados en pos de nuevos territorios de caza. La Madre Tierra nos acogió en su seno de vida y nos convirtió en hermanos de sus hijos primogénitos, y el Padre Cielo nos dio calor en los días y cubrió nuestras noches de eternos mantos de estrellas.

Han pasado muchas lunas desde aquel verano de 1997 en el paraje del Arroyo del Tejo (Villa verde de Guadalimar – Cuenca), y fuimos acogidos por nuestros hermanos de la Tribu Omaha en el que sería nuestro primer campamento de verano.

No asistimos más de siete, casi los mismos que después de algo más de un año nos encontrábamos sumergidos en plena organización  y puesta en marcha del proyecto de lo que sería a la postre el Grupo Scout Loyola; pero fue en ese instante y en aquel lugar, donde siguiendo la experiencia que Coques (Ta de´win), y Manolo (A ka´wi) traían de su permanencia en la tribu Omaha en el G.S. Iradier, se establecieron la base de las que manarían las tradiciones y costumbres de la tribu Mahican. Grandes Juegos, nombres indios, vestimenta y adornos, ceremonias, canciones y otros elementos ilusionaron y mostraron a aquellos jóvenes el potencial y las posibilidades educativas que encerraba ese marco simbólico. Así pues,  intuyendo que aquel antiguo legado seria el comienzo de nuestras propias tradiciones y un buen elemento de identidad y unión para el futuro grupo, comenzamos a dejar huella en el sendero.  En primer lugar hubo que decidir un nombre para la tribu, y no fue fácil pues la búsqueda de un nombre requería  una carga significativa que recogiera los símbolos y elementos con los cuales, como grupo, nos identificáramos. Varias fueron las propuestas, pero al toparnos con la traducción del nombre Mahican o Mohicano las cosas quedaron muy claras: “El Pueblo del Lobo o de las Mareas”. Del Lobo como los lobos del escudo de San Ignacio de Loyola del cual recibimos como grupo nuestro nombre; de las Mareas o aguas que nunca cesan del color azul, pues es el color predominante de nuestra pañoleta, símbolo de introspección, de la búsqueda interior constante, en movimiento.

A partir de ese momento, el pequeño río de montaña de nuestra voluntad e imaginación creció y avanzo curso tras curso enriqueciendo hasta los días de hoy las riveras de nuestra identidad, de entender y vivir desde la Naturaleza esos maravillosos bosques y territorios de caza a los que llamamos Escultismo.